Cabello, el despojo desde una ducha

En 2016 me rapé. Después de eso no dejé que mi cabello crezca con cualquier excusa, hasta que el sonido del mar me hizo sentir el deseo de verlo crecer.

NICOLLE SORIA MOLINA

En el cierre de un laboratorio de percepción y movimiento de danza, una compañera, Mika —quien, por cierto, es extraordinariamente talentosa— realizó una obra con su cabello. Tomaba varias hebras y las unía en un solo espacio para hablar sobre los cuerpos que se sueltan, despojan. Aquel gesto emulaba una línea de tiempo entre el pasado, el presente y el futuro.

Yo he cortado mi cabello durante 6 años consecutivos, aproximadamente, y no lo dejé crecer hasta este último año.

Primero me rapé en un acto de liberación y sanación por el subibaja por el que transitaba. Cuando creció, no dejé que fuera más que una melena. Lo cortaba por todo lado, me decía a mí misma que lo hacía por el calor, la incomodidad, o los muchos churos que tengo. A mediados del año pasado desperté con el sonido del mar y sentí el anhelo inmenso de ver mi cabello largo nuevamente.

El cabello humano protege los cambios de temperatura corporal. Tiene tres fases de crecimiento, la primera se llama fase anágena. En ella el cabello crece entre 1 o 4 años, aproximadamente. La segunda fase es la catágena que dura de 2 a 3 semanas y es el final de la fase de producción de la fibra capilar; el cabello deja de crecer y permanece en este ciclo durante unas semanas para pasar a la tercera fase: la caída del cabello. Esta fase se denomina telógena y en ella, el cabello ya no crece, el pelo se cae en los cepillados o lavados, es el periodo de descanso.

Fases del cabello
Fases del cabello

Desde 2016, cuando decidí raparme, empecé a cortar el cabello, una práctica que la realizo en la intimidad, no por vergüenza, sino porque la intimidad es su espacio de nacimiento.

Cuando me rapé, me fui a vivir a Argentina por unos años y mi cabello empezó a crecer disparejo. El corte superaba los USD 10. Yo estudiaba, no trabaja y vivía de mis ahorros, no podía pagar un corte de ese costo, así que decidí probar en mí el estilismo.

Con el paso del tiempo apareció Juli, una amiga muy querida. Ella me cortaba el cabello en los lugares a los que mis ojos no llegaban, práctica que se convirtió en una serie de encuentros fortuitos en los que nos llenamos de café y risas, mientras recorríamos las calles de la ciudad de La Plata y pensábamos en qué sería de nosotras en el futuro, cómo estaríamos, por dónde andaríamos.

Autorretrato con pelo corto, 1940. Frida Kahlo
Autorretrato con pelo corto, 1940. Frida Kahlo

Hay personas que simplemente deciden no dejar crecer más su cabello. Hay hombres con el cabello largo y mujeres con el cabello corto que constantemente reciben prejuicios llenos de estigmas, estereotipos y juegos de roles arcaicos.

El dulce amante que me acompaña actualmente tiene la costumbre de despojarse de nuestros cabellos caídos, los expulsa del cuerpo humano o inerte. En donde sea que los encuentre, deben ser expulsados. Cuando estamos en la ducha suele tomar los cabellos— de mi cuerpo y de su cuerpo—, pegarlos en la pared y alegar que está formando una obra de arte.

Yo corté mi cabello como un despojo ante mis dolores, mi ira, mi frustración y mi tristeza; ante los silencios dolorosos y memorias perdidas, ignoradas. Yo usé ese instante y esa parte de mi cuerpo para transformarlo en poder, para de alguna forma subsanar todo lo que había pasado. Y ha sido en la ducha en donde he tenido que desnudarme a mí misma, me he abrazado y amado, me he perdonado, ha sido en esas aguas profundas en donde me he sumergido y he emergido tantas veces.

El cabello refleja el paso del tiempo cuando cambia de color. El envejecimiento se hace visible a través de las canas, por la baja producción de melanina —pigmento que genera el color—. El encanecimiento suele iniciar a los 30 años de edad.

Retomé la práctica del corte de cabello a inicios de la pandemia por la COVID-19, estábamos en cuarentena con mi madre y queríamos cortarnos solo las puntas. Así que, sin dudarlo, fui por unas tijeras y le dije “hagámoslo”.

No la convencí tan fácilmente, tampoco había necesidad de detallarle que sabía cómo hacerlo, que ya lo había hecho antes. Ella, en algún momento, debía confiar. Su fórmula fue probar primero en mi pelo, así que sin titubear me senté en un banco para permitirle que me cortara. Lo hizo maravillosamente. Así, tomé luego las tijeras y corté su cabello. Ahora, yo con 30 años y ella con 57, cortamos nuestros cabellos la una a la otra, cuando estamos juntas y disfrutamos divagando entre risas y conversaciones, ¡es un deleite!

Yo muté con mi cabello, Mika creó y simuló una línea de tiempo en su obra, mi madre se rehace en cada corte y Manu hace obras de arte día a día desde nuestra ducha.

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    En 2016 me rapé. Después de eso no dejé que mi cabello crezca con cualquier excusa, hasta que el sonido del mar me hizo sentir el deseo de verlo crecer.

    NICOLLE SORIA MOLINA

    En el cierre de un laboratorio de percepción y movimiento de danza, una compañera, Mika —quien, por cierto, es extraordinariamente talentosa— realizó una obra con su cabello. Tomaba varias hebras y las unía en un solo espacio para hablar sobre los cuerpos que se sueltan, despojan. Aquel gesto emulaba una línea de tiempo entre el pasado, el presente y el futuro.

    Yo he cortado mi cabello durante 6 años consecutivos, aproximadamente, y no lo dejé crecer hasta este último año.

    Primero me rapé en un acto de liberación y sanación por el subibaja por el que transitaba. Cuando creció, no dejé que fuera más que una melena. Lo cortaba por todo lado, me decía a mí misma que lo hacía por el calor, la incomodidad, o los muchos churos que tengo. A mediados del año pasado desperté con el sonido del mar y sentí el anhelo inmenso de ver mi cabello largo nuevamente.

    El cabello humano protege los cambios de temperatura corporal. Tiene tres fases de crecimiento, la primera se llama fase anágena. En ella el cabello crece entre 1 o 4 años, aproximadamente. La segunda fase es la catágena que dura de 2 a 3 semanas y es el final de la fase de producción de la fibra capilar; el cabello deja de crecer y permanece en este ciclo durante unas semanas para pasar a la tercera fase: la caída del cabello. Esta fase se denomina telógena y en ella, el cabello ya no crece, el pelo se cae en los cepillados o lavados, es el periodo de descanso.

    Fases del cabello
    Fases del cabello

    Desde 2016, cuando decidí raparme, empecé a cortar el cabello, una práctica que la realizo en la intimidad, no por vergüenza, sino porque la intimidad es su espacio de nacimiento.

    Cuando me rapé, me fui a vivir a Argentina por unos años y mi cabello empezó a crecer disparejo. El corte superaba los USD 10. Yo estudiaba, no trabaja y vivía de mis ahorros, no podía pagar un corte de ese costo, así que decidí probar en mí el estilismo.

    Con el paso del tiempo apareció Juli, una amiga muy querida. Ella me cortaba el cabello en los lugares a los que mis ojos no llegaban, práctica que se convirtió en una serie de encuentros fortuitos en los que nos llenamos de café y risas, mientras recorríamos las calles de la ciudad de La Plata y pensábamos en qué sería de nosotras en el futuro, cómo estaríamos, por dónde andaríamos.

    Autorretrato con pelo corto, 1940. Frida Kahlo
    Autorretrato con pelo corto, 1940. Frida Kahlo

    Hay personas que simplemente deciden no dejar crecer más su cabello. Hay hombres con el cabello largo y mujeres con el cabello corto que constantemente reciben prejuicios llenos de estigmas, estereotipos y juegos de roles arcaicos.

    El dulce amante que me acompaña actualmente tiene la costumbre de despojarse de nuestros cabellos caídos, los expulsa del cuerpo humano o inerte. En donde sea que los encuentre, deben ser expulsados. Cuando estamos en la ducha suele tomar los cabellos— de mi cuerpo y de su cuerpo—, pegarlos en la pared y alegar que está formando una obra de arte.

    Yo corté mi cabello como un despojo ante mis dolores, mi ira, mi frustración y mi tristeza; ante los silencios dolorosos y memorias perdidas, ignoradas. Yo usé ese instante y esa parte de mi cuerpo para transformarlo en poder, para de alguna forma subsanar todo lo que había pasado. Y ha sido en la ducha en donde he tenido que desnudarme a mí misma, me he abrazado y amado, me he perdonado, ha sido en esas aguas profundas en donde me he sumergido y he emergido tantas veces.

    El cabello refleja el paso del tiempo cuando cambia de color. El envejecimiento se hace visible a través de las canas, por la baja producción de melanina —pigmento que genera el color—. El encanecimiento suele iniciar a los 30 años de edad.

    Retomé la práctica del corte de cabello a inicios de la pandemia por la COVID-19, estábamos en cuarentena con mi madre y queríamos cortarnos solo las puntas. Así que, sin dudarlo, fui por unas tijeras y le dije “hagámoslo”.

    No la convencí tan fácilmente, tampoco había necesidad de detallarle que sabía cómo hacerlo, que ya lo había hecho antes. Ella, en algún momento, debía confiar. Su fórmula fue probar primero en mi pelo, así que sin titubear me senté en un banco para permitirle que me cortara. Lo hizo maravillosamente. Así, tomé luego las tijeras y corté su cabello. Ahora, yo con 30 años y ella con 57, cortamos nuestros cabellos la una a la otra, cuando estamos juntas y disfrutamos divagando entre risas y conversaciones, ¡es un deleite!

    Yo muté con mi cabello, Mika creó y simuló una línea de tiempo en su obra, mi madre se rehace en cada corte y Manu hace obras de arte día a día desde nuestra ducha.

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