Estas fotografías reflejan la vida cotidiana en los barrios de Guayaquil, sus luchas, sus espacios de encuentro y las transformaciones de sus comunidades desde la mirada de mujeres lideresas. Son un testimonio colectivo de quienes habitan estos sectores y resisten, día a día, las múltiples formas de violencia y exclusión que atraviesan sus vidas.
Detrás de las imágenes hay un proceso de construcción de memoria y resistencia. Durante febrero y marzo de 2025, mujeres de cinco barrios populares de Guayaquil participaron en talleres de fotografía comunitaria bajo el proyecto «Fotovoz», un ejercicio de acción participativa que les permitió documentar sus realidades.




Estos espacios se desarrollaron dentro de los círculos de autocuidado organizados por el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH) en Malvinas, Socio Vivienda, Guasmo Sur, Cristo del Consuelo y Trinipuerto, en Isla Trinitaria.
Los círculos de autocuidado son una iniciativa del CDH que busca generar entornos seguros donde las lideresas comunitarias puedan compartir sus experiencias, sentimientos y pensamientos sin temor a ser juzgadas. La metodología se basa en la escucha activa y empática, promoviendo la construcción de lazos de confianza y apoyo mutuo entre mujeres que enfrentan problemáticas comunes en sus territorios.


El ejercicio fotográfico no solo representó una actividad creativa y recreativa dentro de estos espacios, sino que también se convirtió en un acto político. «La fotografía fue una de las actividades que más las motivó porque lo hicimos con una cámara analógica», explicaron las facilitadoras del proyecto, Diana Vallejo Robalino, María Luisa Pazmiño y Valeska Chiriboga.
«Nos pareció pertinente, dado el contexto de violencia generalizada en los barrios, hacer actividades recreacionales, pero también promover la fotografía como una herramienta para recordar sus barrios y poner la nostalgia como acción política».




Esta iniciativa de memoria visual no solo busca resignificar los espacios y vivencias de las mujeres participantes, sino también generar diálogos y reflexiones dentro de sus comunidades. A través de la fotografía, ellas han encontrado una forma de expresar su identidad, fortalecer su sentido de pertenencia y hacer visible una realidad que muchas veces es ignorada.
El proceso desarrollado en estos talleres demuestra que el arte puede ser una poderosa herramienta de transformación social, en un contexto donde las narrativas oficiales suelen silenciar o distorsionar la experiencia de los sectores más vulnerables, iniciativas como estas permiten que sean las propias comunidades quienes cuenten sus historias desde su propia perspectiva.


