En este Mes del Orgullo, el psicoanalista y escritor David Aguirre comparte una lista de lecturas imprescindibles.
“Deseo, de nuevo relación con el astro — el gran deseo sideral, religioso y nostálgico, pánico o cósmico; de ahí que no pueda haber deseo del desastre. Velar carece de deseo, de intensidad nocturna, indeseable de lo que está afuera de todo lo que deseo”.
—Maurice Blanchot. La escritura del desastre
Me acerco al pensamiento desde el desastre, en ese empuje de Blanchot, en tener que dejar un sitio para que pueda existir la búsqueda de lxs amantes. ¿Qué podría esperar de un sueño que me sumerjo constantemente y que pienso que la lectura vela mi posición deseante de las luchas, a veces fallidas pero siempre resistentes?
El desastre vela, desfallece, quiere marcar una decadencia, pero también resulta una intensidad de deseo soberano. Intensidad que solo puede poner en evidencia el olvido, pero nunca olvidar la memoria.
Hay que jugar con la lectura y escritura como si fuera una acrobacia con el azar y el destino. Thot, el dios de la escritura, el lenguaje, la sabiduría y la luna, le presenta al faraón la escritura como un ejercicio (político) para recuperar la memoria y por lo tanto la sabiduría.
El recurso de la escritura/lectura es visto, como una técnica para el fortalecimiento de lo incapturable de lo oral. El Faraón no entiende: rechaza, burla y condena. No entiende el artilugio que traía consigo la presencia y la verdad, la desplaza en el olvido. Pone en evidencia una crisis, el habla se olvida si no existe un soporte. El habla revela una falta originaria. Un no-lugar de la lengua.
Tiresias, adivino ciego de Tebas vive con dos sexos y tiene consigo una pregunta. En el mito de Ovidio, Zeus y Hera discuten sobre cuál sexo disfruta más. Hera, enfurecida, ciega a Tiresias. Zeus le devuelve un lugar: la clarividencia. En Edipo Rey, tragedia de Sófocles, Tiresias revela la verdad sobre Edipo: asesino de su padre y marido de su madre. La verdad que nadie quiere escuchar. La verdad que encubre y trasciende muertes.
Nietzsche pregunta: ¿Has sufrido por el conocimiento? Yo pregunto: ¿has sufrido por lo que has leído? ¿Qué hubiese pasado de mí si mi padre —tan sutil y potente— no me hubiese devuelto el don de la lectura por algo más allá de la historia, sino de exponer el pensamiento que deshace la soledad, y me trae una afirmación sobre lo vivo?
No se si responda. Responder ya es una traición.
(D)escribo y leo desde el desastre, porque al final, es lo único que me mantiene con vida. (D)escribir y leer me permiten convertirme en un anónimo que me identifico con un presente.
Al final, ese lugar leído es el medio de acción de luchas. Una estrategia íntima. Leo como si fuera el único lugar de rescate en un mundo, donde la crueldad se relaciona directamente con la producción.
Adjunto mis lecturas, desapegado de todo, inclusive de las mismas letras. Hago silencios, pausas, síncopas. Eso es leer. El no-todo, ya que la misma astucia de querer leerlo todo, es absurdo. Una decadencia.
El viaje inútil, Camila Sosa Villada
Pese a que leí Las malas y me hizo llorar como si fuera la misma protagonista y luego devenir como pajarito, la potencia de El viaje inútil me otorga nociones filosóficas y políticas de cómo habitar un cuerpo como territorio. El texto vibra siendo un mantra, una plegaria que se encuentra en el desgarro al punto de desaparecer. Camila Sosa des-patriarca la letra y, como una profeta derridiana, le quita el punto fálico a la escritura. ¿Es posible escribir con una potencia femenina del desvanecimiento? La verdad trans-deviene como el recorrido de una lengua nueva, lengua que tiene que ser trans para poder soportar.

El texto no es pedagógico, es oracular. El texto no está conformado por unas hojas, es carne. La lengua habitada por Camila, es sangre, pero así mismo el texto, muy cerca del teatro, es el advenimiento de una imagen, potente, respondiendo sobre un bien mayor, lo imposible.
Tengo miedo torero, Pedro Lemebel
¿Cuál es el sentido de la Loca del Frente en hacer una revolución de escarchas?
Pedro Lemebel, el Santo Patrono, como buen santo, hace milagros. Una loca que ama a un hombre militante del Frente Patriótico Manual Rodriguez (FPMR), organización que resiste contra la dictadura chilena. El mismo acto del amor entre los amantes, es el acto de la desobediencia (civil). Lemebel, no grita a los siete vientos el amor, lo susurra y hace arder la estética sobre lo inadmisible de los cuerpos que (no) pueden amarse.

Dejarse amar por Lemebel es dejar que pongamos en pregunta nuestras prácticas amatorias, que al final de todo, es lo más político que podemos hacer.
Testo Yonqui, Paul B. Preciado
La primera vez que me acerqué al pensamiento potente de Paul B. Preciado, fue una explosión molecular. Pensaba que la vida se encontraba enclaustrada en un templo; impoluto, capitalista, hegemónico y acéfalo.
El texto, es una bomba de testosterona y el efecto de la explosión, es la pulverización del sujeto. El texto no es solamente una metáfora filosófica, sino un hackeo sobre el deseo. Paul B. Preciado realiza el texto como un laboratorio que intenta a partir del cuerpx, cuestionar las ideas rígidas sobre el género, pero tambien en poner en relieve la contrapostura de la idea occidentalizada de “lo natural” .¿Dónde queda el deseo según Preciado? En la jeringa, en la píldora, en el colapso, en el derrumbe.

Leer a Preciado es abjurar sobre la religión sexo-afectiva que fue impuesta, como dice su ensayo poético Bailar sobre los cementerios secretos. Es aceptar la mutación, entregarse a la técnica del derrumbe post-cuerpo.
Los Fantasmas se cabrearon, Purita Pelayo
Escribí sobre Purita Pelayo, en un texto publicado en Edición 111, pero siempre siento que tengo la obligación moral de descomponer un poco más el derrumbe.
Purita es una santa. En el texto que escribí en 2022, dije que “es un arma textual”, pero ¿qué sucede con los fantasmas en el 2025? ¿Se siguen cabreando o desaparecen en el olvido?
Los fantasmas son los que se hartan buscando justicia pero también un nombre para no desaparecer. No es de asombrarse, que nuestras historias latinoamericanas, los muertos —llámese desaparecidos y silenciados— ocupen un lugar en la historia de las luchas de las comunidades LGBTIQ+, por no quedar en el olvido, rompiendo el pacto del silencio. Es como si el retorno de los fantasmas rompiera con los vivos en el plano astral, exigiendo una memoria que solo en la lectura-escritura fantasmática, reclama la aparición que se sostiene desde la impunidad.

Al final, vivir con fantasmas es dejar que los muertos nos respiren en la nuca y que nos recuerden constantemente que el olvido ya es un crimen.
¿Qué sería de nosotrxs (lxs vivxs), si la memoria de nuestras hermanas, quedara olvidada?
Me suscribo desde un lugar de estrategia para decir algo, de lo indecible, que al final, la lectura no es una evasión, sino una re-conquista de recuperar algo de lo insoportable de mi regreso.
Insisto en volver, pero también insisto en irme. Leer es una invocación como diría mi buen amigo Pascal Quignard, pero así mismo, es la resurrección de una voz en el silencio. Al final, el lenguaje no me salvará de nada, pero si más o menos me recuperará del espanto del vivir.




