María Verónica Córdova sostiene la respiración bajo el agua para levantar la bandera de Ecuador

María Verónica Córdova es ecuatoriana, madre, esposa, ingeniera civil, apneísta. Hace tres años tuvo una hija después de su primera competencia internacional. El año pasado volvió a competir y se subió al podio con las mejores apneístas del mundo. Cuando lo hizo se superó a sí misma y las marcas que regían a América Latina. Este 2022, desde el Mundial de Apnea en Serbia llegó a una marca que le parecía inalcanzable. Superó la que hizo podio en 2021.

JÉSSICA ZAMBRANO

Es el segundo día de competencia en el Mundial de Apnea Indoor en Belgrado, Serbia. Hacen 40 grados centígrados fuera del agua y dentro de ella, 26. La apneísta guayaquileña María Verónica Córdova Mancheno camina con sus aletas largas hasta el carril dos para su segunda prueba. No sabe qué le pasa. Sus piernas tiemblan un poco. Toma agua con magnesio, lo único que le quita la sed. Una voz anuncia por el micrófono su salida oficial. Tiene cinco minutos para empezar su prueba. «No puedo creer que esto me esté pasando», se dice a sí misma.

David Henriques, su esposo —quien también es apneísta y hace de su coach en este viaje— le dice antes de que entre al agua: «disfruta, esta es tu competencia». El juez inicia la cuenta regresiva. 10, 9, 8, 7, 6. María Verónica toma aire y siente que el labio inferior le tiembla. «Relájate. He entrenado tanto y por eso estoy aquí», se repite en la mente. En Ecuador es de madrugada y hay personas que sintonizan el canal de Youtube del mundial en vivo. 4, 3, 2, 1. Hace 30 bocanadas para que el aire ingrese a su cuerpo. Está lista. Se sumerge.

Antes de correr a las gradas para grabarlo todo, Henriques le dice al juez, tal como se acostumbra en las competencias de Ecuador, que María Verónica haría 200 metros. Se supone que al hacerlo los rescatistas pueden estar cerca de su marca máxima, porque al girar en la cuarta piscina y llegar a los 200 metros con una bocanada de aire y las 30 carpas que le permiten sus pulmones, estaría haciendo más de lo que planeó. María Verónica salió en 209, 25 metros a la superficie. Fue una de las primeras en competir. Dio su ok al juez. Tarjeta blanca. Su marca quedó registrada en el panel que minuto a minuto repetía el estatus de la competencia.

«María Verónica Córdova Mancheno va liderando la competencia». El nombre de la competidora ecuatoriana se repetía una y otra vez en el altoparlante mientras otras 20 mujeres hacían la misma prueba con la expectativa de superarla. Córdova había declarado una distancia de 120 metros en bialetas. En la lista había mujeres que la superarían. Cuando solo faltaban dos competidoras María Verónica se dio cuenta de lo que había pasado: ella era tercera en el mundo. Cristina Francone y Mirela Kardasevic iban por delante con 234,7 m. y 232, m., respectivamente.

María Verónica Córdova apneísta ecuatoriana hizo podio en el CMAS World Indoor Freediving Championships BELGRADE 2021 #cmas #cmasfreediving #belgrade2021
María Verónica Córdova fue tercera en el mundo en el CMAS World Indoor Freediving Championships BELGRADE 2021

Era el 24 de junio de 2021. Ni Córdova ni Henriques habían llevado la bandera de Ecuador, tampoco tenían preparado el himno nacional, tuvieron que prestar todo para que María Verónica se subiera al podio a levantar la bandera del país. Ese día fue tercera en el mundo y la primera latinoamericana en llegar a los 200 metros en su modalidad. La primera latinoamericana en hacer podio en un mundial.

Hoy, un año después, María Verónica Córdova está en el mismo mundial con menos nervios, más segura, disfrutando cada segundo bajo el agua y llegando un poco más lejos. El martes 13 de junio de este 2022, cuando volvió a hacer la prueba con la que logró llegar al podio del mundo en esta disciplina en 2021, llegó a los 225 metros. Para María Verónica haber superado esa distancia vale más que cualquier medalla.

El video de su competencia lo muestra.

Mientras termina de escribirse este artículo María Verónica Córdova supera los récords panamericanos que había marcado en el mundial anterior. Lo hace aunque en Ecuador se sepa poco sobre la apnea como deporte; y menos aún sobre el desafío que implica el ser mujer —esposa y madre— y competir en un deporte extremo y desconocido.

La apnea —o freediving— es un deporte en el que un atleta entrena a sus pulmones para captar en una sola respiración la mayor cantidad de oxígeno posible y tolerar altos niveles de anhídrido carbónico (Co2) en la sangre con el objetivo de permanecer debajo del agua.

Existen varias modalidades. Las que se practican en piscina consisten en recorrer la mayor cantidad de distancia bajo el agua sin aletas, con monoaleta o con bialetas; pero también está la estática, aquella que consiste en sostener la respiración sin moverse. El récord mundial en estática es de 11 minutos. María Verónica suspendió la respiración por siete minutos en el agua, durante la última competencia nacional.

María Verónica aprendió a nadar a los tres años. Su padre quería que sus cuatro hijos aprendieran porque  lo consideraba fundamental para sus vidas. Ella siempre nadó y compitió en el Colegio Alemán en el que estudió. Allí también aprendió a vivir bajo una consigna: planificar, ejecutar y medir resultados.

La primera vez que practicó apnea fue en 2016, cuando por trabajo tuvo que ir a una limpieza marina con una amiga que entrenaba este deporte. Cuando su amiga vio que María Verónica podía sostener la respiración con facilidad, la puso a prueba y le dijo que se quedara sin respirar en seco. Lo hizo por dos minutos y la siguiente semana empezó a entrenar. Su esposo se sumó.

Para María Verónica practicar apnea era tener la posibilidad de pasar más tiempo con su pareja fuera de la rutina laboral. Y así es hasta ahora, pero en diciembre de 2016, el año que empezó a entrenar, tuvo su primera competencia y la apnea se convirtió en algo más que un pasatiempo.

Que le haya ido tan bien le dio confianza para clasificar al Panamericano que se hizo en México, en 2017. Hizo las marcas que le pedían y logró oro en las modalidades de estática, monoaleta, bialeta y sin aletas. Ese mismo año quedó embarazada de su primera hija y tomó distancia de la piscina hasta que pudo regresar, dos años después. Desde entonces, a pesar del confinamiento por la pandemia, no se ha detenido.

La apnea es un deporte que plantea como filosofía que el cuerpo pueda obedecer a la mente y llevarlo al límite. Es ser en el agua, activar el reflejo mamífero en el contacto del rostro con el agua helada, un reflejo con el que los seres humanos, como otros animales acuáticos, podemos regular el oxígeno que circula por nuestra sangre para prolongar periodos sin respirar. Es usar un instinto que el ser humano lleva en su memoria sin responder al impulso de respirar como una forma de control y dominio de uno mismo. María Verónica sabe bien que las redes están llenas de eso, de gente que promulga un optimismo que en ocasiones puede resultar tóxico.

Estar bajo el agua es una forma de ponerlo a prueba, de dar evidencia de cuán capaces somos de creer en lo que hacemos y ordenarle a nuestra mente lo que queremos.

María Verónica cree porque cada día se entrena para poner en evidencia de cuánto es capaz. “Ser positivo es super trillado, pero en verdad, una mente positiva, es el resultado de todo el proceso”, dice. Después de su primer mundial tuvo un entrenamiento más focalizado y sometió a su cuerpo a distancias más largas y objetivos mucho más claros.

Su lema es «todo por el todo», un pensamiento que podría resultar negativo si se usa para competir con otros. Ella lo usa para recordar cuánto le ha costado, cómo ha rebasado sus límites una y otra vez en cada inmersión, en cada objetivo laboral, cada vez que deja a su hija en casa para entrenar.

Unos días antes de viajar a Serbia me dijo en una entrevista telefónica, mientras acurrucaba a Marina su hija, que para ella, ser mujer y saber que representa a otras latinoamericanas es  tener la posibilidad de «demostrar y ser un ejemplo para otras niñas y mujeres de que se puede, no dejarnos opacar por deportistas o países que tienen más reconocimiento. Se puede aplicar en cualquier caso. Tenemos que creérnosla nosotras para que los demás nos crean».

«De verdad que las mujeres somos de otro planeta. Si te propones y pones claras tus prioridades lo vas a lograr».

En su inmersión, María Verónica se enfoca en la técnica durante los primeros metros y cuando le empieza a costar porque su cuerpo siente el cansancio y la falta de oxígeno, intenta convencerse de que es una mujer poderosa, bella. Piensa en la sonrisa de su hija. En el abrazo de su madre, en la primera inmersión en el mar de su padre. En la confianza que le tienen sus amigos. Y sonríe. «¿Nunca has sonreído debajo del agua? Yo siempre».

  • Periodista. Es ciclista urbana en una ciudad caótica y busca la calma descendiendo a la profundidad del mar. Usa el ciclismo y el buceo a pulmón para hilar sensaciones del cuerpo con historias cotidianas. Desde que practica estos deportes –en los que la mente se involucra mucho más de lo que parece– ha buscado la manera para que su profesión, el periodismo que muchas veces condena a los profesionales a la hostilidad de un espacio laboral, sea también viajar y contar las historias que no se miran desde las ciudades donde –incrédulamente– se cree que todo acontece.

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    María Verónica Córdova es ecuatoriana, madre, esposa, ingeniera civil, apneísta. Hace tres años tuvo una hija después de su primera competencia internacional. El año pasado volvió a competir y se subió al podio con las mejores apneístas del mundo. Cuando lo hizo se superó a sí misma y las marcas que regían a América Latina. Este 2022, desde el Mundial de Apnea en Serbia llegó a una marca que le parecía inalcanzable. Superó la que hizo podio en 2021.

    JÉSSICA ZAMBRANO

    Es el segundo día de competencia en el Mundial de Apnea Indoor en Belgrado, Serbia. Hacen 40 grados centígrados fuera del agua y dentro de ella, 26. La apneísta guayaquileña María Verónica Córdova Mancheno camina con sus aletas largas hasta el carril dos para su segunda prueba. No sabe qué le pasa. Sus piernas tiemblan un poco. Toma agua con magnesio, lo único que le quita la sed. Una voz anuncia por el micrófono su salida oficial. Tiene cinco minutos para empezar su prueba. «No puedo creer que esto me esté pasando», se dice a sí misma.

    David Henriques, su esposo —quien también es apneísta y hace de su coach en este viaje— le dice antes de que entre al agua: «disfruta, esta es tu competencia». El juez inicia la cuenta regresiva. 10, 9, 8, 7, 6. María Verónica toma aire y siente que el labio inferior le tiembla. «Relájate. He entrenado tanto y por eso estoy aquí», se repite en la mente. En Ecuador es de madrugada y hay personas que sintonizan el canal de Youtube del mundial en vivo. 4, 3, 2, 1. Hace 30 bocanadas para que el aire ingrese a su cuerpo. Está lista. Se sumerge.

    Antes de correr a las gradas para grabarlo todo, Henriques le dice al juez, tal como se acostumbra en las competencias de Ecuador, que María Verónica haría 200 metros. Se supone que al hacerlo los rescatistas pueden estar cerca de su marca máxima, porque al girar en la cuarta piscina y llegar a los 200 metros con una bocanada de aire y las 30 carpas que le permiten sus pulmones, estaría haciendo más de lo que planeó. María Verónica salió en 209, 25 metros a la superficie. Fue una de las primeras en competir. Dio su ok al juez. Tarjeta blanca. Su marca quedó registrada en el panel que minuto a minuto repetía el estatus de la competencia.

    «María Verónica Córdova Mancheno va liderando la competencia». El nombre de la competidora ecuatoriana se repetía una y otra vez en el altoparlante mientras otras 20 mujeres hacían la misma prueba con la expectativa de superarla. Córdova había declarado una distancia de 120 metros en bialetas. En la lista había mujeres que la superarían. Cuando solo faltaban dos competidoras María Verónica se dio cuenta de lo que había pasado: ella era tercera en el mundo. Cristina Francone y Mirela Kardasevic iban por delante con 234,7 m. y 232, m., respectivamente.

    María Verónica Córdova apneísta ecuatoriana hizo podio en el CMAS World Indoor Freediving Championships BELGRADE 2021 #cmas #cmasfreediving #belgrade2021
    María Verónica Córdova fue tercera en el mundo en el CMAS World Indoor Freediving Championships BELGRADE 2021

    Era el 24 de junio de 2021. Ni Córdova ni Henriques habían llevado la bandera de Ecuador, tampoco tenían preparado el himno nacional, tuvieron que prestar todo para que María Verónica se subiera al podio a levantar la bandera del país. Ese día fue tercera en el mundo y la primera latinoamericana en llegar a los 200 metros en su modalidad. La primera latinoamericana en hacer podio en un mundial.

    Hoy, un año después, María Verónica Córdova está en el mismo mundial con menos nervios, más segura, disfrutando cada segundo bajo el agua y llegando un poco más lejos. El martes 13 de junio de este 2022, cuando volvió a hacer la prueba con la que logró llegar al podio del mundo en esta disciplina en 2021, llegó a los 225 metros. Para María Verónica haber superado esa distancia vale más que cualquier medalla.

    El video de su competencia lo muestra.

    Mientras termina de escribirse este artículo María Verónica Córdova supera los récords panamericanos que había marcado en el mundial anterior. Lo hace aunque en Ecuador se sepa poco sobre la apnea como deporte; y menos aún sobre el desafío que implica el ser mujer —esposa y madre— y competir en un deporte extremo y desconocido.

    La apnea —o freediving— es un deporte en el que un atleta entrena a sus pulmones para captar en una sola respiración la mayor cantidad de oxígeno posible y tolerar altos niveles de anhídrido carbónico (Co2) en la sangre con el objetivo de permanecer debajo del agua.

    Existen varias modalidades. Las que se practican en piscina consisten en recorrer la mayor cantidad de distancia bajo el agua sin aletas, con monoaleta o con bialetas; pero también está la estática, aquella que consiste en sostener la respiración sin moverse. El récord mundial en estática es de 11 minutos. María Verónica suspendió la respiración por siete minutos en el agua, durante la última competencia nacional.

    María Verónica aprendió a nadar a los tres años. Su padre quería que sus cuatro hijos aprendieran porque  lo consideraba fundamental para sus vidas. Ella siempre nadó y compitió en el Colegio Alemán en el que estudió. Allí también aprendió a vivir bajo una consigna: planificar, ejecutar y medir resultados.

    La primera vez que practicó apnea fue en 2016, cuando por trabajo tuvo que ir a una limpieza marina con una amiga que entrenaba este deporte. Cuando su amiga vio que María Verónica podía sostener la respiración con facilidad, la puso a prueba y le dijo que se quedara sin respirar en seco. Lo hizo por dos minutos y la siguiente semana empezó a entrenar. Su esposo se sumó.

    Para María Verónica practicar apnea era tener la posibilidad de pasar más tiempo con su pareja fuera de la rutina laboral. Y así es hasta ahora, pero en diciembre de 2016, el año que empezó a entrenar, tuvo su primera competencia y la apnea se convirtió en algo más que un pasatiempo.

    Que le haya ido tan bien le dio confianza para clasificar al Panamericano que se hizo en México, en 2017. Hizo las marcas que le pedían y logró oro en las modalidades de estática, monoaleta, bialeta y sin aletas. Ese mismo año quedó embarazada de su primera hija y tomó distancia de la piscina hasta que pudo regresar, dos años después. Desde entonces, a pesar del confinamiento por la pandemia, no se ha detenido.

    La apnea es un deporte que plantea como filosofía que el cuerpo pueda obedecer a la mente y llevarlo al límite. Es ser en el agua, activar el reflejo mamífero en el contacto del rostro con el agua helada, un reflejo con el que los seres humanos, como otros animales acuáticos, podemos regular el oxígeno que circula por nuestra sangre para prolongar periodos sin respirar. Es usar un instinto que el ser humano lleva en su memoria sin responder al impulso de respirar como una forma de control y dominio de uno mismo. María Verónica sabe bien que las redes están llenas de eso, de gente que promulga un optimismo que en ocasiones puede resultar tóxico.

    Estar bajo el agua es una forma de ponerlo a prueba, de dar evidencia de cuán capaces somos de creer en lo que hacemos y ordenarle a nuestra mente lo que queremos.

    María Verónica cree porque cada día se entrena para poner en evidencia de cuánto es capaz. “Ser positivo es super trillado, pero en verdad, una mente positiva, es el resultado de todo el proceso”, dice. Después de su primer mundial tuvo un entrenamiento más focalizado y sometió a su cuerpo a distancias más largas y objetivos mucho más claros.

    Su lema es «todo por el todo», un pensamiento que podría resultar negativo si se usa para competir con otros. Ella lo usa para recordar cuánto le ha costado, cómo ha rebasado sus límites una y otra vez en cada inmersión, en cada objetivo laboral, cada vez que deja a su hija en casa para entrenar.

    Unos días antes de viajar a Serbia me dijo en una entrevista telefónica, mientras acurrucaba a Marina su hija, que para ella, ser mujer y saber que representa a otras latinoamericanas es  tener la posibilidad de «demostrar y ser un ejemplo para otras niñas y mujeres de que se puede, no dejarnos opacar por deportistas o países que tienen más reconocimiento. Se puede aplicar en cualquier caso. Tenemos que creérnosla nosotras para que los demás nos crean».

    «De verdad que las mujeres somos de otro planeta. Si te propones y pones claras tus prioridades lo vas a lograr».

    En su inmersión, María Verónica se enfoca en la técnica durante los primeros metros y cuando le empieza a costar porque su cuerpo siente el cansancio y la falta de oxígeno, intenta convencerse de que es una mujer poderosa, bella. Piensa en la sonrisa de su hija. En el abrazo de su madre, en la primera inmersión en el mar de su padre. En la confianza que le tienen sus amigos. Y sonríe. «¿Nunca has sonreído debajo del agua? Yo siempre».

    • Periodista. Es ciclista urbana en una ciudad caótica y busca la calma descendiendo a la profundidad del mar. Usa el ciclismo y el buceo a pulmón para hilar sensaciones del cuerpo con historias cotidianas. Desde que practica estos deportes –en los que la mente se involucra mucho más de lo que parece– ha buscado la manera para que su profesión, el periodismo que muchas veces condena a los profesionales a la hostilidad de un espacio laboral, sea también viajar y contar las historias que no se miran desde las ciudades donde –incrédulamente– se cree que todo acontece.

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