¿Qué tiene que ver el feminismo con el Paro Nacional?

Como feministas, la interseccionalidad no puede quedarse solo en discursos. Por eso, cuando hablamos de discriminación debemos voltear a ver a aquellos sectores conformados por mujeres y jóvenes que ponen la comida sobre nuestras mesas.

VALESKA CHIRIBOGA

La primera vez que viví un Paro Nacional en Ecuador fue en octubre de 2019. Me reconocía como feminista públicamente, creía —y creo— en el feminismo como una apuesta política. Entonces ya defendía, como ahora, el derecho a abortar de manera libre y voluntaria, y todas aquellas otras demandas que desde el movimiento feminista hemos posicionado.

Sin embargo, algo que nunca me había atravesado hasta ese momento, era la clase. No porque no conociera situaciones de desigualdad o inequidad, sino por lo difícil que puede ser dejar a un lado nuestros privilegios para entender los contextos de clase y raza que atraviesan a la mayoría de la población en Ecuador. 

Aquel primer Paro Nacional me permitió romper la burbuja de la clase, para entender que fuera de nuestro círculo cercano hay sectores, como el movimiento indígena, que han sido históricamente olvidados y sus demandas han sido ignoradas por los gobiernos de turno. Allí llegué a la reflexión: debemos luchar con nuestro género y defender nuestra clase. 

Ha pasado un poco más de dos años de aquel octubre que marcó un antes y un después en mi forma de entender el ejercicio del poder desde los movimientos sociales; y hoy estamos viviendo nuevamente un Paro Nacional anunciado desde la Conaie que, hasta ahora, se mantiene como indefinido y permanente hasta que el Gobierno de Guillermo Lasso atienda las demandas de los sectores que han estado movilizados en distintas provincias del país desde las 00:00 del 13 de junio.

Pero, ¿por qué como feministas debemos apoyar el Paro Nacional? ¿Por qué nos involucra de manera directa y afecta nuestras vidas?

La respuesta no es sencilla porque involucra muchas complejidades alrededor del movimento feminista e indígena del país, pero sí se puede intentar responder a través de la interseccionalidad. Debemos ver más allá de nuestras situaciones y entender cómo las demandas que actualmente plantea la Conaie también incluyen a mujeres, en su mayoría indígenas, empobrecidas, que se ven afectadas por la negligencia actual del Gobierno y sus políticas que no son pensadas para el 99% de la población.

Ha pasado más de un año desde la posesión de Guillermo Lasso como presidente, sin embargo, poco se ha visto en materia de políticas públicas y programas ejecutados en beneficio de todos los sectores de la población, no solamente para aquel 1% que Lasso y su clase representan. 

Según la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo del INEC, para abril de 2022 solo el 32,5% de la población cuenta con un empleo adecuado o pleno. Las cifras de subempleo se encuentran en 23,9% y las de empleo no pleno en 28,1%. Esto quiere decir que más del 50% de la población económicamente activa en Ecuador se encuentra en condiciones precarias o irregulares de trabajo.

Para esta misma fecha, el ingreso laboral promedio de un hombre con un empleo pleno se encontraba en más de USD 330, sin embargo, para una mujer con un empleo pleno apenas llegaba a los USD 276,50.

El sector indígena del país es aquel que sostiene la economía, el desarrollo y la productividad de los sectores urbanos, sin embargo, el acceso al trabajo digno y políticas a favor de los sectores agrícolas y campesinos continúa siendo una propuesta de gobierno aún incumplida. 

En el primer día de la movilización nacional, la Conaie entregó al Gobierno Nacional un documento con las demandas de la movilización nacional, popular y plurinacional. Este mismo documento incluye el respaldo de organizaciones como la Fenocin, FEINE, y FENOC, que incluyen las propuestas y demandas de trabajadores del campo y ciudad, campesinos, profesionales de la salud, educadores, trabajadores, sindicatos, diversidades, mujeres y juventudes. 

Ahí se detallan propuestas en relación a temas como combustibles, deudas de campesinos y trabajadores campesinos en bancos, precios justos a los productos del campo, empleo y derechos laborales, derechos de la naturaleza y políticas antiextractivistas, políticas de seguridad, salud y educación, entre otras apoyadas por distintos sectores de mujeres y hombres que representan a la clase trabajadora del país. 

¿Cómo las mujeres feministas y lideresas indígenas entramos en esta problemática? Nosotras representamos el 50% de la población. Cuando hablamos de nosotras nos incluimos todas, mujeres indígenas, afrodescendientes, empobrecidas, mestizas, campesinas. Por eso es necesario entender que las políticas económicas que tal vez a nosotras no nos afecten, pueden significar el recrudecimiento de la vida de otras mujeres. 

Zenaida Yasacama, vicepresidenta de la Conaie, sostiene que la movilización es indefinida porque han existido varios diálogos con el Gobierno para que recojan las propuestas y demandas, sin embargo, no ha habido intención para que estas sean aceptadas o siquiera tomadas en cuenta. 

¿Cómo entonces, podemos defender o apoyar un Gobierno que juega con los intereses de un sector sistemáticamente olvidado y pretende entablar ideas del diálogo cuando, al final del día, terminan ignorando las demandas acordadas en el diálogo?

El feminismo nos ha otorgado un sinnúmero de avances en materia de derechos que hoy podemos gozar de manera plena porque las mujeres de distintos sectores emprendieron luchas para que todas avancemos. Creer que el movimiento indígena, en el que, en su mayoría existen liderazgos de mujeres que han dejado muchas veces la vida en la defensa de sus territorios, es ahora solo un movimiento destinado a la desestabilización y destrozos de las ciudades, es continuar perpetuando ese olvido sistemático.

Como mujeres feministas la interseccionalidad no puede quedarse solo en discursos. Por eso, cuando hablamos de discriminación debemos voltear a ver a aquellos sectores conformados por mujeres y jóvenes que ponen la comida sobre nuestras mesas.

Debemos luchar con nuestro género y defender nuestra clase porque es la única forma de alcanzar una verdadera justicia social para todas las mujeres.

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    VALESKA CHIRIBOGA

    La primera vez que viví un Paro Nacional en Ecuador fue en octubre de 2019. Me reconocía como feminista públicamente, creía —y creo— en el feminismo como una apuesta política. Entonces ya defendía, como ahora, el derecho a abortar de manera libre y voluntaria, y todas aquellas otras demandas que desde el movimiento feminista hemos posicionado.

    Sin embargo, algo que nunca me había atravesado hasta ese momento, era la clase. No porque no conociera situaciones de desigualdad o inequidad, sino por lo difícil que puede ser dejar a un lado nuestros privilegios para entender los contextos de clase y raza que atraviesan a la mayoría de la población en Ecuador. 

    Aquel primer Paro Nacional me permitió romper la burbuja de la clase, para entender que fuera de nuestro círculo cercano hay sectores, como el movimiento indígena, que han sido históricamente olvidados y sus demandas han sido ignoradas por los gobiernos de turno. Allí llegué a la reflexión: debemos luchar con nuestro género y defender nuestra clase. 

    Ha pasado un poco más de dos años de aquel octubre que marcó un antes y un después en mi forma de entender el ejercicio del poder desde los movimientos sociales; y hoy estamos viviendo nuevamente un Paro Nacional anunciado desde la Conaie que, hasta ahora, se mantiene como indefinido y permanente hasta que el Gobierno de Guillermo Lasso atienda las demandas de los sectores que han estado movilizados en distintas provincias del país desde las 00:00 del 13 de junio.

    Pero, ¿por qué como feministas debemos apoyar el Paro Nacional? ¿Por qué nos involucra de manera directa y afecta nuestras vidas?

    La respuesta no es sencilla porque involucra muchas complejidades alrededor del movimento feminista e indígena del país, pero sí se puede intentar responder a través de la interseccionalidad. Debemos ver más allá de nuestras situaciones y entender cómo las demandas que actualmente plantea la Conaie también incluyen a mujeres, en su mayoría indígenas, empobrecidas, que se ven afectadas por la negligencia actual del Gobierno y sus políticas que no son pensadas para el 99% de la población.

    Ha pasado más de un año desde la posesión de Guillermo Lasso como presidente, sin embargo, poco se ha visto en materia de políticas públicas y programas ejecutados en beneficio de todos los sectores de la población, no solamente para aquel 1% que Lasso y su clase representan. 

    Según la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo del INEC, para abril de 2022 solo el 32,5% de la población cuenta con un empleo adecuado o pleno. Las cifras de subempleo se encuentran en 23,9% y las de empleo no pleno en 28,1%. Esto quiere decir que más del 50% de la población económicamente activa en Ecuador se encuentra en condiciones precarias o irregulares de trabajo.

    Para esta misma fecha, el ingreso laboral promedio de un hombre con un empleo pleno se encontraba en más de USD 330, sin embargo, para una mujer con un empleo pleno apenas llegaba a los USD 276,50.

    El sector indígena del país es aquel que sostiene la economía, el desarrollo y la productividad de los sectores urbanos, sin embargo, el acceso al trabajo digno y políticas a favor de los sectores agrícolas y campesinos continúa siendo una propuesta de gobierno aún incumplida. 

    En el primer día de la movilización nacional, la Conaie entregó al Gobierno Nacional un documento con las demandas de la movilización nacional, popular y plurinacional. Este mismo documento incluye el respaldo de organizaciones como la Fenocin, FEINE, y FENOC, que incluyen las propuestas y demandas de trabajadores del campo y ciudad, campesinos, profesionales de la salud, educadores, trabajadores, sindicatos, diversidades, mujeres y juventudes. 

    Ahí se detallan propuestas en relación a temas como combustibles, deudas de campesinos y trabajadores campesinos en bancos, precios justos a los productos del campo, empleo y derechos laborales, derechos de la naturaleza y políticas antiextractivistas, políticas de seguridad, salud y educación, entre otras apoyadas por distintos sectores de mujeres y hombres que representan a la clase trabajadora del país. 

    ¿Cómo las mujeres feministas y lideresas indígenas entramos en esta problemática? Nosotras representamos el 50% de la población. Cuando hablamos de nosotras nos incluimos todas, mujeres indígenas, afrodescendientes, empobrecidas, mestizas, campesinas. Por eso es necesario entender que las políticas económicas que tal vez a nosotras no nos afecten, pueden significar el recrudecimiento de la vida de otras mujeres. 

    Zenaida Yasacama, vicepresidenta de la Conaie, sostiene que la movilización es indefinida porque han existido varios diálogos con el Gobierno para que recojan las propuestas y demandas, sin embargo, no ha habido intención para que estas sean aceptadas o siquiera tomadas en cuenta. 

    ¿Cómo entonces, podemos defender o apoyar un Gobierno que juega con los intereses de un sector sistemáticamente olvidado y pretende entablar ideas del diálogo cuando, al final del día, terminan ignorando las demandas acordadas en el diálogo?

    El feminismo nos ha otorgado un sinnúmero de avances en materia de derechos que hoy podemos gozar de manera plena porque las mujeres de distintos sectores emprendieron luchas para que todas avancemos. Creer que el movimiento indígena, en el que, en su mayoría existen liderazgos de mujeres que han dejado muchas veces la vida en la defensa de sus territorios, es ahora solo un movimiento destinado a la desestabilización y destrozos de las ciudades, es continuar perpetuando ese olvido sistemático.

    Como mujeres feministas la interseccionalidad no puede quedarse solo en discursos. Por eso, cuando hablamos de discriminación debemos voltear a ver a aquellos sectores conformados por mujeres y jóvenes que ponen la comida sobre nuestras mesas.

    Debemos luchar con nuestro género y defender nuestra clase porque es la única forma de alcanzar una verdadera justicia social para todas las mujeres.

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