Las mujeres en los medios somos lo que quieren ver

Las mujeres en medios de comunicación somos cuestionadas cuando rompemos los estereotipos impuestos, pero los hombres que se burlan, acosan e intimidan públicamente de nuestros cuerpos nunca lo son.

JÉSSICA ZAMBRANO

Voy camino a la playa y divido el tiempo entre el lugar al que vamos y lo que falta por el letrero de Sharon en San Pablo. Cuando lo pasamos, retengo su cara sonriente, el top blanco de siempre.

La imagen pretende recordar el lugar en el que murió “la diva del Ecuador”, asesinada por su expareja, uno de los 55 femicidios cometidos en 2015 en el país, según la Fiscalía; un año después de que este delito se tipificara. A pesar de que su cara se está despintando con el tiempo, ella es la Sharon que queremos ver. Pero de alguna manera también simboliza la violencia que vivimos todas.

Pienso en las mujeres que suelen aparecer en la televisión y recuerdo una clase de esa materia en la universidad: durante una prueba de cámara, un profesor le dijo a mis compañeros mientras yo fungía de anchor, que conmigo se enfocaran en el rostro, como si mi cuerpo pequeño y redondeado no pudiera estar en televisión.

Y recuerdo claramente sus palabras cuando abrieron la toma: “ah, no está tan mal”. El cuerpo de las mujeres en la televisión es siempre lo que quieren ver. 

Vienen a mí los comentarios en contra de dos amigas que son parte de programas distintos, transmitidos en plataformas digitales, donde la mayoría de los participantes suelen ser hombres. Por mostrar sus tatuajes recibieron una avalancha de comentarios indignados. “Es feliz de estar marcada como vaca”, “díganle que este es un medio respetable y no puede andar tatuada”, “¿qué le pasó a este programa que ahora acepta mujer así?” y un largo etcétera, incluidas «felicitaciones» cuando un día, una de ellas cubre sus tatuajes (no a propósito, solo cambió de look). El cuerpo de las mujeres debe ser lo que quieren ver. 

En las redes sociales, Mario Canessa, un empresario de medios de comunicación —con un apellido respaldado por otros tantos empresarios de fútbol que pretenden dedicarse al periodismo deportivo— es tendencia. En un programa de TV, le dijo a la presentadora Nadia Manosalvas, “¿cómo hace para estar tan buena?”. “Tan buena gente”, le respondió ella mientras el resto de hombres del set ríen. “No, yo soy directo”, replicó Canessa.

Para darle contexto al previsible desenlace de la historia, hay que decir que en el programa en el que aparece Mario Canessa rememoran su posible candidatura a la presidencia de la Federación Ecuatoriana de Fútbol.

Roberto Bonafont le pregunta por qué nunca concretó ese cargo cuando todos lo querían y después de eso fue el mentalizador de Liga Pro. A Canessa lo acompaña en la entrevista Pocho Harb, otro empresario de fútbol y exdiputado. Canessa responde que había razones políticas por las que él declinó de dicha candidatura.

Canessa es tratado como «el doctor», como «el hombre querido», como «el jefe que todos apoyan». Canessa es en este set una figura de poder.

Nadia Manosalvas es excandidata a Miss Ecuador y se describe a sí misma como la host del programa Marca 90. Siempre aparece de pie, entra al set modelando y es quien entrega los premios al final de la transmisión. Casi siempre recibe el mismo tono de comentarios. Chiflidos, juegos de palabras con las cosas que tiene en su mano y presenta, o comentarios de doble sentido como que en este último programa «ha estado muy abierta».

Después de los comentarios en redes cuestionando la actitud acosadora de Canessa en vivo, de la defensa de quienes han trabajado con él por años —como el reincidente Andrés Pelaccini— María Soledad Reyes, quien fue por años periodista de televisión y se vinculó a medios como los que dirige Canessa, dijo que durante su carrera vio cómo muchas mujeres recibían propuestas de «hacer favores sexuales» para tener contratos en programas deportivos.

Como respuesta, la mañana del 14 de febrero de 2022, la Fiscalía anunció que «abrió –de oficio– una investigación por presunto acoso sexual a periodistas deportivas, hechos que habrían ocurrido en una emisora de Guayaquil (Diblú)».

Dos días después de la tendencia en redes, cuatro meses después de la transmisión del programa en el que apareció Canessa, el lunes 14 de febrero varía el formato de Marca 90 y Nadia Manosalvas aparece en la primera parte del programa. Carlos Víctor Morales, quien normalmente dirige el programa, le pidió disculpas «en caso que te hayas sentido molesta, irrespetada, incómoda por alguna situación que se haya dado en este programa (…) por nuestro estilo de hablar en doble sentido».

Las flores, las disculpas, el cambio de la estructura del programa, realmente deja mucho que desear. Son disculpas que no asumen una responsabilidad, sino que insinúan que si hubo un problema, fue por la forma en la que se interpretó.

Ella dice que se siente como en casa, que lo toma a bien, que «prácticamente fue una broma y lo tomó como tal», que es parte de la dinámica que mantienen en el programa. Recibe las flores y aclara que jamás se dejaría irrespetar.

Cierra su intervención sobre «algo que causó un poco de tendencia», presenta  un video del programa y sale del set. La discusión vuelve a ser entre hombres. «Más claro que el agua», dijo Pocho Harb en Twitter. «Todo el escándalo que hicieron y ella se siente cómoda», escribió otro usuario, retuiteado por Harb.

Canessa sigue siendo «el doctor». Su respuesta después de los cuestionamientos sobre su comentario es que todo es parte de un plan de desprestigio en su contra y que él no va a cambiar.

Las mujeres en la televisión somos una y otra vez lo que los dueños de los medios quieren ver. Este artículo lleva escribiéndose más de dos semanas y es sorprendente cómo siempre se ajusta a la coyuntura.

Después de que Canessa fuera tendencia y se cuestionara la manera en la que acosa públicamente a una mujer, la periodista Alondra Santiago dijo que «denunciar ser víctima de acoso es también saber que te botarán de tu trabajo, que te chantajearán por tu silencio y que las puertas de muchos otros lugares estarán cerradas para ti por ese pacto solidario entre los hombres de «poder». Créanme, sé muy bien de lo que hablo».

Se abrió un space en el que otras mujeres contaron sus casos de acoso: en la universidad, en los medios, en los trabajos, en la calle. Hay algo en común en todas estas historias: el miedo, los nervios, la sensación de que está pasando algo que no comprendemos bien y la posibilidad de tratar de mantenernos en un espacio de trabajo o de poder.

Pienso en el estudio Así hacemos periodismo, de Chicas Poderosas Ecuador, que busca develar las condiciones en las que trabajamos las periodistas en los medios de comunicación.

Arroja datos como que el 13 % de las encuestadas ha recibido ofertas laborales o promesas a partir de un acercamiento inadecuado, provocado por un colega hombre en posiciones de jerarquía. La misma encuesta dice que 2 de cada 10 mujeres han sido víctimas de contacto físico no deseado en su trabajo.

¿Cómo cambiamos la organización estructural de los medios si seguimos teniendo miedo, si hay muy poca representatividad femenina en espacios como estos y si creemos que el acoso es parte del show?

A pesar de la violencia, aunque ganen en las jerarquías y nos sigan tratando como exageradas o de “mijita” cada vez que pidamos la palabra, cada vez hay menos silencio. Aunque Carlos Víctor Morales agradezca porque en estos días han crecido sus suscriptores, cada vez somos menos lo que quieren ver.

  • Periodista. Es ciclista urbana en una ciudad caótica y busca la calma descendiendo a la profundidad del mar. Usa el ciclismo y el buceo a pulmón para hilar sensaciones del cuerpo con historias cotidianas. Desde que practica estos deportes –en los que la mente se involucra mucho más de lo que parece– ha buscado la manera para que su profesión, el periodismo que muchas veces condena a los profesionales a la hostilidad de un espacio laboral, sea también viajar y contar las historias que no se miran desde las ciudades donde –incrédulamente– se cree que todo acontece.

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    JÉSSICA ZAMBRANO

    Voy camino a la playa y divido el tiempo entre el lugar al que vamos y lo que falta por el letrero de Sharon en San Pablo. Cuando lo pasamos, retengo su cara sonriente, el top blanco de siempre.

    La imagen pretende recordar el lugar en el que murió “la diva del Ecuador”, asesinada por su expareja, uno de los 55 femicidios cometidos en 2015 en el país, según la Fiscalía; un año después de que este delito se tipificara. A pesar de que su cara se está despintando con el tiempo, ella es la Sharon que queremos ver. Pero de alguna manera también simboliza la violencia que vivimos todas.

    Pienso en las mujeres que suelen aparecer en la televisión y recuerdo una clase de esa materia en la universidad: durante una prueba de cámara, un profesor le dijo a mis compañeros mientras yo fungía de anchor, que conmigo se enfocaran en el rostro, como si mi cuerpo pequeño y redondeado no pudiera estar en televisión.

    Y recuerdo claramente sus palabras cuando abrieron la toma: “ah, no está tan mal”. El cuerpo de las mujeres en la televisión es siempre lo que quieren ver. 

    Vienen a mí los comentarios en contra de dos amigas que son parte de programas distintos, transmitidos en plataformas digitales, donde la mayoría de los participantes suelen ser hombres. Por mostrar sus tatuajes recibieron una avalancha de comentarios indignados. “Es feliz de estar marcada como vaca”, “díganle que este es un medio respetable y no puede andar tatuada”, “¿qué le pasó a este programa que ahora acepta mujer así?” y un largo etcétera, incluidas «felicitaciones» cuando un día, una de ellas cubre sus tatuajes (no a propósito, solo cambió de look). El cuerpo de las mujeres debe ser lo que quieren ver. 

    En las redes sociales, Mario Canessa, un empresario de medios de comunicación —con un apellido respaldado por otros tantos empresarios de fútbol que pretenden dedicarse al periodismo deportivo— es tendencia. En un programa de TV, le dijo a la presentadora Nadia Manosalvas, “¿cómo hace para estar tan buena?”. “Tan buena gente”, le respondió ella mientras el resto de hombres del set ríen. “No, yo soy directo”, replicó Canessa.

    Para darle contexto al previsible desenlace de la historia, hay que decir que en el programa en el que aparece Mario Canessa rememoran su posible candidatura a la presidencia de la Federación Ecuatoriana de Fútbol.

    Roberto Bonafont le pregunta por qué nunca concretó ese cargo cuando todos lo querían y después de eso fue el mentalizador de Liga Pro. A Canessa lo acompaña en la entrevista Pocho Harb, otro empresario de fútbol y exdiputado. Canessa responde que había razones políticas por las que él declinó de dicha candidatura.

    Canessa es tratado como «el doctor», como «el hombre querido», como «el jefe que todos apoyan». Canessa es en este set una figura de poder.

    Nadia Manosalvas es excandidata a Miss Ecuador y se describe a sí misma como la host del programa Marca 90. Siempre aparece de pie, entra al set modelando y es quien entrega los premios al final de la transmisión. Casi siempre recibe el mismo tono de comentarios. Chiflidos, juegos de palabras con las cosas que tiene en su mano y presenta, o comentarios de doble sentido como que en este último programa «ha estado muy abierta».

    Después de los comentarios en redes cuestionando la actitud acosadora de Canessa en vivo, de la defensa de quienes han trabajado con él por años —como el reincidente Andrés Pelaccini— María Soledad Reyes, quien fue por años periodista de televisión y se vinculó a medios como los que dirige Canessa, dijo que durante su carrera vio cómo muchas mujeres recibían propuestas de «hacer favores sexuales» para tener contratos en programas deportivos.

    Como respuesta, la mañana del 14 de febrero de 2022, la Fiscalía anunció que «abrió –de oficio– una investigación por presunto acoso sexual a periodistas deportivas, hechos que habrían ocurrido en una emisora de Guayaquil (Diblú)».

    Dos días después de la tendencia en redes, cuatro meses después de la transmisión del programa en el que apareció Canessa, el lunes 14 de febrero varía el formato de Marca 90 y Nadia Manosalvas aparece en la primera parte del programa. Carlos Víctor Morales, quien normalmente dirige el programa, le pidió disculpas «en caso que te hayas sentido molesta, irrespetada, incómoda por alguna situación que se haya dado en este programa (…) por nuestro estilo de hablar en doble sentido».

    Las flores, las disculpas, el cambio de la estructura del programa, realmente deja mucho que desear. Son disculpas que no asumen una responsabilidad, sino que insinúan que si hubo un problema, fue por la forma en la que se interpretó.

    Ella dice que se siente como en casa, que lo toma a bien, que «prácticamente fue una broma y lo tomó como tal», que es parte de la dinámica que mantienen en el programa. Recibe las flores y aclara que jamás se dejaría irrespetar.

    Cierra su intervención sobre «algo que causó un poco de tendencia», presenta  un video del programa y sale del set. La discusión vuelve a ser entre hombres. «Más claro que el agua», dijo Pocho Harb en Twitter. «Todo el escándalo que hicieron y ella se siente cómoda», escribió otro usuario, retuiteado por Harb.

    Canessa sigue siendo «el doctor». Su respuesta después de los cuestionamientos sobre su comentario es que todo es parte de un plan de desprestigio en su contra y que él no va a cambiar.

    Las mujeres en la televisión somos una y otra vez lo que los dueños de los medios quieren ver. Este artículo lleva escribiéndose más de dos semanas y es sorprendente cómo siempre se ajusta a la coyuntura.

    Después de que Canessa fuera tendencia y se cuestionara la manera en la que acosa públicamente a una mujer, la periodista Alondra Santiago dijo que «denunciar ser víctima de acoso es también saber que te botarán de tu trabajo, que te chantajearán por tu silencio y que las puertas de muchos otros lugares estarán cerradas para ti por ese pacto solidario entre los hombres de «poder». Créanme, sé muy bien de lo que hablo».

    Se abrió un space en el que otras mujeres contaron sus casos de acoso: en la universidad, en los medios, en los trabajos, en la calle. Hay algo en común en todas estas historias: el miedo, los nervios, la sensación de que está pasando algo que no comprendemos bien y la posibilidad de tratar de mantenernos en un espacio de trabajo o de poder.

    Pienso en el estudio Así hacemos periodismo, de Chicas Poderosas Ecuador, que busca develar las condiciones en las que trabajamos las periodistas en los medios de comunicación.

    Arroja datos como que el 13 % de las encuestadas ha recibido ofertas laborales o promesas a partir de un acercamiento inadecuado, provocado por un colega hombre en posiciones de jerarquía. La misma encuesta dice que 2 de cada 10 mujeres han sido víctimas de contacto físico no deseado en su trabajo.

    ¿Cómo cambiamos la organización estructural de los medios si seguimos teniendo miedo, si hay muy poca representatividad femenina en espacios como estos y si creemos que el acoso es parte del show?

    A pesar de la violencia, aunque ganen en las jerarquías y nos sigan tratando como exageradas o de “mijita” cada vez que pidamos la palabra, cada vez hay menos silencio. Aunque Carlos Víctor Morales agradezca porque en estos días han crecido sus suscriptores, cada vez somos menos lo que quieren ver.

    • Periodista. Es ciclista urbana en una ciudad caótica y busca la calma descendiendo a la profundidad del mar. Usa el ciclismo y el buceo a pulmón para hilar sensaciones del cuerpo con historias cotidianas. Desde que practica estos deportes –en los que la mente se involucra mucho más de lo que parece– ha buscado la manera para que su profesión, el periodismo que muchas veces condena a los profesionales a la hostilidad de un espacio laboral, sea también viajar y contar las historias que no se miran desde las ciudades donde –incrédulamente– se cree que todo acontece.

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