Gobernar desde el privilegio y la mentira

El reciente veto presidencial a la Ley de Aborto por Violación evidencia las mentiras que Guillermo Lasso utilizó en campaña para llegar al poder. También expone a un Presidente que gobierna desde el privilegio, para su clase y desde una total falta de empatía por la realidad de las mujeres y niñas del país.

THALÍE PONCE

El presidente Guillermo Lasso cumplió su amenaza: vetó la Ley de Aborto por Violación la noche del 15 de marzo de 2022. Una normativa que ya era de por sí restrictiva colocando excepciones a lo que ya es una excepción (una causal). 

Lasso gobierna desde el privilegio y gracias a la instrumentalización que ha hecho de las luchas de las mujeres y de las minorías. Durante su campaña presidencial, la periodista Ana María Cañizares entrevistó al mandatario sobre el aborto por violación. Entonces, dijo: «aspiro ser presidente del Ecuador, un estado laico y como presidente del Ecuador estoy dispuesto a respetar las opiniones diferentes a las mías y a facilitar el diálogo». Y agregó: «no pretendo imponer ni mis principios y valores, ni mi forma de ver la vida al resto de ecuatorianos». 

Sin embargo, con este veto el presidente demostró que su forma de ver la vida prima al momento de tomar decisiones. Una forma de ver la vida que responde a su clase social y desconoce las realidades de miles de niñas, mujeres y personas gestantes; e impone para ellas absurdas restricciones y barreras que las dejarán fuera de obtener un aborto seguro que podría salvar sus vidas. Lasso se olvida que una maternidad forzada es una forma de tortura.

Sus argumentos, dice, parten de la sentencia de la Corte Constitucional, pero realmente se basan en su religión: es católico, como nos lo recuerda en el comunicado con el que anunció su objeción y en el documento que envió a la Asamblea. En él, menciona «la posición personal del presidente de la República» recordando una vez más que defiende «la vida desde la concepción».

El presidente utiliza la excusa de la igualdad para reducir el número de semanas de las mujeres rurales y de poblaciones. Parece una burla que utilice ese argumento para restringir el acceso a un derecho en lugar de proponer aumentar el límite de semanas en todos los casos. Igualdad sería que todas las mujeres víctimas de violación en Ecuador pudieran acceder a un aborto sin restricciones ni plazos, pensando en que las mujeres que viven fuera de las grandes ciudades, las menores de edad y quienes no acceden a servicios de salud con frecuencia, notan tarde sus embarazos.

Su veto incluye además la propuesta de exigir uno de los siguientes tres requisitos para acceder a un aborto en caso de violación: una denuncia ante la Fiscalía, una declaración juramentada o un examen médico para comprobar que existió una violación. 

Estos puntos ya se debatieron al interior de la Comisión de Justicia, que recibió a más de 100 comparecientes, expertos y expertas para tratar —aunque no lo logró por completo por negociaciones políticas— de construir una ley que pusiera en el centro a las mujeres y niñas. Y justamente decidió no incluir este requisito porque entendieron que es revictimizante. ¿Pretende Lasso que a una niña que ha sido violada por su propio padre, abuelo o padrastro se le exija este requisito?

Me pregunto, ¿dónde estuvo el Presidente todo este tiempo? ¿No escuchó el debate al interior de la Asamblea? ¿No leyó cifras y escuchó realidades? Quizás lo que primó fue la desinformación que su esposa, María de Lourdes Alcívar, ha impulsado en los últimos meses desde sus redes sociales.

¿Se olvidó Lasso de que esta Ley es para mujeres víctimas de violación y que muchas niñas quedarían fuera con este absurdo? ¿Se olvidó de que en Ecuador 1 de cada 4 mujeres ha vivido violencia sexual? ¿Se olvida de que en Ecuador se registran al día un promedio de 42 denuncias por violación, abuso y acoso sexual a niñas y mujeres? ¿Se olvida de que en el país que gobierna más de 3.000 niñas menores de 14 años paren anualmente

Que se olvide sería gravísimo, pero que lo ignore porque su privilegio y su religión pesan más, no solo es indolente, es imperdonable.

Y mientras todo esto ocurre, la secretaria de Derechos Humanos, Bernarda Ordóñez comparte fotos y tuits de su recorridos en la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York, destacando su (bastante cuestionable) gestión. Privilegio también es poder mirar a un lado y fingir que nada pasa cuando ha declarado públicamente adherirse a una causa.

El 8 de marzo de 2021, aún en campaña, Lasso dijo que no cabe establecer una culpabilidad después de un acto violento contra una niña o una mujer, refiriéndose al aborto por violación. Exactamente un año después, el 8 de marzo de 2022, reiteraba que vetaría la Ley, una objeción que ahora conocemos pretende poner aún más restricciones que hacen exactamente lo contrario a lo que dijo. Ese mismo día, además, la Policía reprimió a las mujeres en las calles de Quito y Guayaquil, y luego dijo mentiras para justificarse.

Las mentiras, que tanto se usaron en campaña, son ahora un instrumento para gobernar. El privilegio de zapatos rojos de USD 500, que tan inofensivo consideraron muchos y muchas, sí nubla la empatía. Y quienes estamos pagando las consecuencias, una vez más, somos nosotras. Para el privilegio y la mentira, parece que nuestras vidas fueran descartables.

  • Periodista y editora con más de 10 años de experiencia. Ha trabajado en medios locales como El Comercio, Vistazo, Expreso y Primicias. Es exbecaria del International Center for Journalists (2019), la International Women's Media Foundation y el programa Reham Al-Farrah de la ONU (2021). En 2018 ganó el premio Jorge Mantilla Ortega y en 2020 fue finalista del premio Roche de periodismo en salud, edición Ecuador. En los últimos años su cobertura se ha centrado en la violencia basada en género y los derechos de las mujeres.

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    El reciente veto presidencial a la Ley de Aborto por Violación evidencia las mentiras que Guillermo Lasso utilizó en campaña para llegar al poder. También expone a un Presidente que gobierna desde el privilegio, para su clase y desde una total falta de empatía por la realidad de las mujeres y niñas del país.

    THALÍE PONCE

    El presidente Guillermo Lasso cumplió su amenaza: vetó la Ley de Aborto por Violación la noche del 15 de marzo de 2022. Una normativa que ya era de por sí restrictiva colocando excepciones a lo que ya es una excepción (una causal). 

    Lasso gobierna desde el privilegio y gracias a la instrumentalización que ha hecho de las luchas de las mujeres y de las minorías. Durante su campaña presidencial, la periodista Ana María Cañizares entrevistó al mandatario sobre el aborto por violación. Entonces, dijo: «aspiro ser presidente del Ecuador, un estado laico y como presidente del Ecuador estoy dispuesto a respetar las opiniones diferentes a las mías y a facilitar el diálogo». Y agregó: «no pretendo imponer ni mis principios y valores, ni mi forma de ver la vida al resto de ecuatorianos». 

    Sin embargo, con este veto el presidente demostró que su forma de ver la vida prima al momento de tomar decisiones. Una forma de ver la vida que responde a su clase social y desconoce las realidades de miles de niñas, mujeres y personas gestantes; e impone para ellas absurdas restricciones y barreras que las dejarán fuera de obtener un aborto seguro que podría salvar sus vidas. Lasso se olvida que una maternidad forzada es una forma de tortura.

    Sus argumentos, dice, parten de la sentencia de la Corte Constitucional, pero realmente se basan en su religión: es católico, como nos lo recuerda en el comunicado con el que anunció su objeción y en el documento que envió a la Asamblea. En él, menciona «la posición personal del presidente de la República» recordando una vez más que defiende «la vida desde la concepción».

    El presidente utiliza la excusa de la igualdad para reducir el número de semanas de las mujeres rurales y de poblaciones. Parece una burla que utilice ese argumento para restringir el acceso a un derecho en lugar de proponer aumentar el límite de semanas en todos los casos. Igualdad sería que todas las mujeres víctimas de violación en Ecuador pudieran acceder a un aborto sin restricciones ni plazos, pensando en que las mujeres que viven fuera de las grandes ciudades, las menores de edad y quienes no acceden a servicios de salud con frecuencia, notan tarde sus embarazos.

    Su veto incluye además la propuesta de exigir uno de los siguientes tres requisitos para acceder a un aborto en caso de violación: una denuncia ante la Fiscalía, una declaración juramentada o un examen médico para comprobar que existió una violación. 

    Estos puntos ya se debatieron al interior de la Comisión de Justicia, que recibió a más de 100 comparecientes, expertos y expertas para tratar —aunque no lo logró por completo por negociaciones políticas— de construir una ley que pusiera en el centro a las mujeres y niñas. Y justamente decidió no incluir este requisito porque entendieron que es revictimizante. ¿Pretende Lasso que a una niña que ha sido violada por su propio padre, abuelo o padrastro se le exija este requisito?

    Me pregunto, ¿dónde estuvo el Presidente todo este tiempo? ¿No escuchó el debate al interior de la Asamblea? ¿No leyó cifras y escuchó realidades? Quizás lo que primó fue la desinformación que su esposa, María de Lourdes Alcívar, ha impulsado en los últimos meses desde sus redes sociales.

    ¿Se olvidó Lasso de que esta Ley es para mujeres víctimas de violación y que muchas niñas quedarían fuera con este absurdo? ¿Se olvidó de que en Ecuador 1 de cada 4 mujeres ha vivido violencia sexual? ¿Se olvida de que en Ecuador se registran al día un promedio de 42 denuncias por violación, abuso y acoso sexual a niñas y mujeres? ¿Se olvida de que en el país que gobierna más de 3.000 niñas menores de 14 años paren anualmente

    Que se olvide sería gravísimo, pero que lo ignore porque su privilegio y su religión pesan más, no solo es indolente, es imperdonable.

    Y mientras todo esto ocurre, la secretaria de Derechos Humanos, Bernarda Ordóñez comparte fotos y tuits de su recorridos en la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York, destacando su (bastante cuestionable) gestión. Privilegio también es poder mirar a un lado y fingir que nada pasa cuando ha declarado públicamente adherirse a una causa.

    El 8 de marzo de 2021, aún en campaña, Lasso dijo que no cabe establecer una culpabilidad después de un acto violento contra una niña o una mujer, refiriéndose al aborto por violación. Exactamente un año después, el 8 de marzo de 2022, reiteraba que vetaría la Ley, una objeción que ahora conocemos pretende poner aún más restricciones que hacen exactamente lo contrario a lo que dijo. Ese mismo día, además, la Policía reprimió a las mujeres en las calles de Quito y Guayaquil, y luego dijo mentiras para justificarse.

    Las mentiras, que tanto se usaron en campaña, son ahora un instrumento para gobernar. El privilegio de zapatos rojos de USD 500, que tan inofensivo consideraron muchos y muchas, sí nubla la empatía. Y quienes estamos pagando las consecuencias, una vez más, somos nosotras. Para el privilegio y la mentira, parece que nuestras vidas fueran descartables.

    • Periodista y editora con más de 10 años de experiencia. Ha trabajado en medios locales como El Comercio, Vistazo, Expreso y Primicias. Es exbecaria del International Center for Journalists (2019), la International Women's Media Foundation y el programa Reham Al-Farrah de la ONU (2021). En 2018 ganó el premio Jorge Mantilla Ortega y en 2020 fue finalista del premio Roche de periodismo en salud, edición Ecuador. En los últimos años su cobertura se ha centrado en la violencia basada en género y los derechos de las mujeres.

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